El mantenimiento de básculas es una de las prácticas esenciales que todo encargado de un negocio (en cualquier industria que las use diario) debe dominar y/o aprender muy bien, pues no sólo evitará que se descomponga el equipo sino que perdure y extienda su vida útil.
Al extender la vida útil de un equipo se pueden ahorrar costos y facilitar la operación diaria, impactando en la productividad y haciendo más fácil la labor.
Ahora, hay dos maneras de darle mantenimiento a tus básculas electrónicas: desde las prácticas más básicas hasta las más especializadas.
Todas las prácticas básicas incluyen hábitos muy sencillos de hacer y rápido de llevar a cabo. Por ejemplo, siempre es bueno:
Dentro de este rubro entran otro tipo de prácticas que requieren de conocimiento previo. Pero no hay que confundir especializado con profesional, pues el primer concepto se refiere a tener las herramientas a la mano para realizar una o más acciones y el segundo a auxiliarse de alguien que sea un experto en la materia.
Algunas de las prácticas que comprenden este rubro pueden ser:
En Rhino te garantizamos el correcto funcionamiento de las básculas electrónicas, pero también contamos con centros de servicio para que puedas encontrar refacciones. Por otro lado, esos son los sitios desde donde te podemos ayudar a calibrarlas de manera rápida y eficiente o brindarte tips de limpieza.
Te invitamos a conocer todos los tipos de básculas electrónicas que ofrecemos, y también a que sigas leyendo:
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Hay un momento en casi todo negocio de ferretería o logística en que la báscula que tienen simplemente ya no alcanza. No es que se haya roto, es que la operación creció y el equipo no creció con ella. Se pesa lo que se puede, no lo que se necesita, y en algún punto eso empieza a costar: en tiempo, en errores, en mercancía mal registrada.
Hay negocios que nunca tienen suficiente hielo. El servicio empieza bien, pero a mitad del turno alguien tiene que correr a comprar bolsas, interrumpir la operación o, peor, decirle a un cliente que ya no hay.
En muchas cocinas el prelavado se hace como se puede: una llave sin presión, una manguera improvisada, un grifo que apenas llega al fondo de la olla. El resultado siempre es el mismo: más tiempo, más esfuerzo del personal y un lavavajillas que trabaja con suciedad que debió haberse ido antes.