Uno de los pasos más importantes para el dueño de un negocio de comida que va iniciando (desde uno pequeño hasta un restaurante grande) es decidir qué tipo de equipos necesita, ya sea para agilizar su operación y hacerla más sencilla o para ofrecer productos de alta calidad.
Como distribuidor debes tomar en cuenta el presupuesto del dueño y su disposición para adaptarse a nuevos equipos. Una vez que sepas cuáles son las básculas, maquinaria comercial o utensilios que requiere todo será más sencillo, y podrás ofrecer un sistema estandarizado e integral.
Y al ser más estandarizado, también podrás decirle cómo reducir costos futuros y ahorrar aún cuando está invirtiendo.
Ahora, muchos negocios de comida se debaten entre adquirir equipos profesionales o caseros. Aquí algunos aspectos que debes tomar en cuenta para destacar los primeros.
Nosotros te recomendamos pensar, primero, en la necesidad de los clientes. Pregúntale o averigua cuál es su problema principal y ayúdalo a resolverlo:
Puedes investigar los siguientes escenarios:
En Rhino, nos especializamos en ofrecer maquinaria comercial, soluciones de pesaje y utensilios de cocina profesionales para todo tipo de negocios. Para aquellos de comida y restaurantes en general, contamos con equipos profesionales que pueden ayudar a:
Hay un mundo de posibilidades y muchos negocios en los que puedes colocar cada uno de los equipos de Rhino. Si necesitas asesoría y quieres saber como convertirte en distribuidor ponte en contacto con nosotros y te diremos los diferentes esquemas de negocio que manejamos para que obtengas un negocio propio y sumamente rentable.
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Y conocer los diferentes equipos para restaurantes y maquinaria comercial que ofrecemos. De esa manera, podrás saber en qué invertir y cómo resolver las necesidades de cada negocio de comida.
Te brindamos asesoría personalizada para comenzar tu propio negocio.
Hay un momento en casi todo negocio de ferretería o logística en que la báscula que tienen simplemente ya no alcanza. No es que se haya roto, es que la operación creció y el equipo no creció con ella. Se pesa lo que se puede, no lo que se necesita, y en algún punto eso empieza a costar: en tiempo, en errores, en mercancía mal registrada.
Hay negocios que nunca tienen suficiente hielo. El servicio empieza bien, pero a mitad del turno alguien tiene que correr a comprar bolsas, interrumpir la operación o, peor, decirle a un cliente que ya no hay.
En muchas cocinas el prelavado se hace como se puede: una llave sin presión, una manguera improvisada, un grifo que apenas llega al fondo de la olla. El resultado siempre es el mismo: más tiempo, más esfuerzo del personal y un lavavajillas que trabaja con suciedad que debió haberse ido antes.