El precio controlado o política de precios es la forma en la que una empresa determina el valor de sus productos o servicios ya sea al por mayor o por menor.
Muchas empresas hacen este tipo de políticas por diversos motivos, a veces por razones o metas de marketing, para atender mejor la demanda de los consumidores, para competir mejor con otras empresas que ofrecen productos similares o incluso para resaltar algunas características de los servicios, equipos o cualquier cosa que ofrezcan.
Algunos de los beneficios de este sistema o política son:
En Rhino contamos con esta política de precios aplicada a nuestros distribuidores en todo el proceso de venta, pero…
Primero, hay que decir que este tipo de acciones son rentables siempre y cuando se hayan analizado varios aspectos de la industria como:
Si esos tres aspectos se cumplen, la política de precio controlado puede asegurarse, y hacer que, por un lado, la demanda esté satisfecha, igualar o competir mejor en el mercado frente a otras marcas y asegurar que la inversión del distribuidor sea redituable.
Por si fuera poco, tener una política de precio controlado les asegura a todos los distribuidores que están en la misma línea, es decir, que ninguno puedes disminuir o aumentar los precios de algún equipo, lo cual genera una sana y justa competencia.
Es momento de aprovechar este beneficio y pensar en entrar a la industria alimentaria a través de las diferentes soluciones de pesaje y maquinaria para alimentos que ofrecemos en Rhino.
El primer paso es que escuches la voz de la experiencia y veas el siguiente video donde Miguel Ángel Santoyo, nuestro Gerente de Ventas, te habla de los beneficios de ser distribuidor con Rhino: 👇
El segundo paso para convertirte en un distribuidor es que conozcas más de nuestros equipos y de la industria alimentaria en general. Por eso, te invitamos a seguir leyendo:
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Hay un momento en casi todo negocio de ferretería o logística en que la báscula que tienen simplemente ya no alcanza. No es que se haya roto, es que la operación creció y el equipo no creció con ella. Se pesa lo que se puede, no lo que se necesita, y en algún punto eso empieza a costar: en tiempo, en errores, en mercancía mal registrada.
Hay negocios que nunca tienen suficiente hielo. El servicio empieza bien, pero a mitad del turno alguien tiene que correr a comprar bolsas, interrumpir la operación o, peor, decirle a un cliente que ya no hay.
En muchas cocinas el prelavado se hace como se puede: una llave sin presión, una manguera improvisada, un grifo que apenas llega al fondo de la olla. El resultado siempre es el mismo: más tiempo, más esfuerzo del personal y un lavavajillas que trabaja con suciedad que debió haberse ido antes.