Muchos de los mejores negocios del ámbito alimentario como las carnicerías se toman muy en serio que los equipos, herramientas o materiales sean de la más alta calidad.
Y es que entre más calidad haya en los utensilios y maquinaria que utilizan, más eficiente es su operación diaria, lo que les permite ahorrar costos en el proceso, ofrecer productos de calidad y aumentar la productividad para obtener más ganancias.
Ahora, uno de los equipos esenciales para carnicerías o rastros es el molino de carne. Por eso, en esta ocasión te contamos en qué elementos debes fijarte para comparar y comprar el mejor. 👇🏻
Analizar la potencia que se puede obtener del molino es clave para comprender cuántos kilos de carne o pollo puedes moler de manera continua.
Un equipo de alta calidad puede tener, por ejemplo, una potencia de un caballo de fuerza (1 hp), ideal para moler hasta 180 kg de forma constante.
Este es otro elemento que debes tomar en cuenta, pues un molino puede diferenciarse fácilmente en este rubro. Por ejemplo, los mejores equipos tienen:
En ella puedes acumular el producto necesario y al ser de acero inoxidable evitas que haya incrustaciones de cualquier tipo que puedan dañar el producto.
Fíjate en las medidas de la charola, de esa manera podrás evaluar la capacidad y hacer un buen cálculo de cuánta carne pueden producir.
Nuestros equipos como los molinos de carne sobresalen del resto debido a tres elementos: el cabezal que es liviano y desmontable, su potencia (de 1hp) y su sistema de aseguramiento.
Debido a esas características puedes estar seguro de que invertirás en un equipo de calidad para tu negocio. En el siguiente video te mostramos cómo funciona y resumimos sus aspectos técnicos más importantes, sólo dale play. ▶️ 👇🏻
Si tienes alguna duda de cualquier equipo o maquinaria para la industria alimentaria que diseñamos, no dudes en contactarnos. También te invitamos a seguir leyendo:
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Hay un momento en casi todo negocio de ferretería o logística en que la báscula que tienen simplemente ya no alcanza. No es que se haya roto, es que la operación creció y el equipo no creció con ella. Se pesa lo que se puede, no lo que se necesita, y en algún punto eso empieza a costar: en tiempo, en errores, en mercancía mal registrada.
Hay negocios que nunca tienen suficiente hielo. El servicio empieza bien, pero a mitad del turno alguien tiene que correr a comprar bolsas, interrumpir la operación o, peor, decirle a un cliente que ya no hay.
En muchas cocinas el prelavado se hace como se puede: una llave sin presión, una manguera improvisada, un grifo que apenas llega al fondo de la olla. El resultado siempre es el mismo: más tiempo, más esfuerzo del personal y un lavavajillas que trabaja con suciedad que debió haberse ido antes.