Las básculas etiquetadoras son consideradas una variante de las comerciales, pues no sólo ayudan a obtener el peso de un producto sino que tienen una memoria que guarda los precios, y se va sumando a la cuenta los que se van agregando.
Es un equipo que es perfecto para negocios que tienen mercancías o una serie de productos previamente pesados; donde el cliente llega, toma el producto y se lo lleva empaquetado.
En ese sentido, a este tipo de negocios les conviene que sus productos se vendan de esta manera, pues así controlan mejor su stock, mantienen exhibido el producto de forma controlada y aumenta la rapidez en el cobro.
En términos generales, una de las principales ventajas de una báscula etiquetadora es que puede acelerar el proceso de compra del cliente y al mismo tiempo, le brinda al dueño del negocio la información precisa de lo que se está vendiendo al momento.
Aquello da como resultado que el dueño pueda:
Como distribuidor de Rhino debes conocer todos y cada uno de los aspectos en los que se diferencian los equipos, ya que puede ser la manera más sencilla de competir contra otras opciones en el mercado.
De entrada, podemos decir que las básculas etiquetadoras de Rhino son resistentes al agua, algo que no todas tienen, lo cual complica un poco a los negocios, ya que deben tener mucho cuidado con el mantenimiento del equipo.
Por otro lado, en muchas ocasiones las básculas etiquetadoras no tienen tanto espacio de almacenamiento de PLU, las de Rhino pueden llegar hasta 12,000 con 224 accesos directos para configurar más productos y agilizar la compra de estos.
También cuentan con un software de fácil instalación, además de ser muy intuitivo, y se adapta a diferentes tipos de etiquetas para agilizar las ventas de la mercancía que se ofrece.
Te invitamos a conocer más detalles de los equipos de Rhino y la maquinaria para alimentos que ofrecemos, recuerda que con información valiosa podrás colocar los productos de la marca de manera rápida y eficiente, y si necesitas asesoría no dudes en contactarnos.
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Hay un momento en casi todo negocio de ferretería o logística en que la báscula que tienen simplemente ya no alcanza. No es que se haya roto, es que la operación creció y el equipo no creció con ella. Se pesa lo que se puede, no lo que se necesita, y en algún punto eso empieza a costar: en tiempo, en errores, en mercancía mal registrada.
Hay negocios que nunca tienen suficiente hielo. El servicio empieza bien, pero a mitad del turno alguien tiene que correr a comprar bolsas, interrumpir la operación o, peor, decirle a un cliente que ya no hay.
En muchas cocinas el prelavado se hace como se puede: una llave sin presión, una manguera improvisada, un grifo que apenas llega al fondo de la olla. El resultado siempre es el mismo: más tiempo, más esfuerzo del personal y un lavavajillas que trabaja con suciedad que debió haberse ido antes.